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Entrevista 

Manuel Alcántara

Doctor en Ciencia Política y Sociología

Universidad Complutense de Madrid , España

Entrevistadores:

Alejandro Molina - Sergio Huertas

Élites latinoamericanas 

 

Teniendo en cuenta que entre los teóricos del pluralismo como Dahl, Posbly, entre otros, sostienen que no hay una élite sino muchas. En este sentido, ¿qué tan complejo es el proceso de estudiar las diversas élites en América Latina y cuándo podemos considerar, o no, a un grupo político como una élite? 

Respecto a esta última cuestión, la definición de qué es una élite está muy vinculada a los objetivos de la investigación. Élite es todo aquel grupo humano que tiene una posición, estadísticamente hablando, diferenciada del grupo general que integra. En ese sentido, al estudiar un grupo partidista, la élite política son los miembros del comité ejecutivo de un partido político, evidentemente esas personas pueden estar muy lejos de la élite económica del país, o de la élite cultural o incluso de la misma élite política. Pero la propia adscripción a un determinado grupo, en este caso un partido político, es lo que define el campo sobre el se va a aplicar el criterio de élite. El criterio de élite siempre, repito, está vinculado a una cuestión estadística, a una cuestión de número. La élite por definición son los pocos que ocupan un lugar de dirigencia, un lugar ciertamente selectivo que se impone sobre el resto del grupo.

Respecto a la dificultad del estudio de las diversas élites políticas en América Latina y su complejidad, tiene que ver con una convicción teórico-metodológica, que no es otra que la necesidad de tener datos. Es decir, el dilema al que se enfrenta cualquier estudio es el de contar o no con datos que puede ser de tipo estructural. Por ejemplo, datos duros sobre algo tan simple como la fecha de nacimiento, o el lugar de estudio, o la profesión de los padres, o el lugar de residencia, etcétera, que los integrantes de ese colectivo que vamos a estudiar posee. Pero también datos más subjetivos que procederían de opiniones, valoraciones, evaluaciones que estas personas pudieran hacer sobre determinados aspectos de la vida. Ese para mí ese es el principal problema del estudio de las élites: no contar con ese tipo de datos.

    

¿Por qué usted considera que resulta importante dentro de la Ciencia Política, realizar estudios sobre las élites?

Resulta importante porque las élites desempeñan una función directiva y dirigente que definen hacia dónde va a ir una determinada comunidad. En segundo término, porque las élites, incluso no queriéndolo, tienen un componente de influencia muy importante sobre la gente a la hora de definir tendencias, gustos, valores, etc.

 

¿Considera usted que las élites políticas en la región tienen intereses reales para resolver los problemas de desigualdad teniendo en cuenta que existen muchos grupos poderosos, sobre todo fuera del ámbito político, interesados en que las desigualdades se mantengan?

 

Hay distintos tipos de élites. Hay élites muy comprometidas con el desarrollo y con la eliminación de la desigualdad en distintos ámbitos. Uno puede encontrarlas desde el ámbito político al cultural, pasando por el ámbito religioso, o incluso el ámbito económico. Hay instancias en este último que promueven acciones para limitar la desigualdad, pero también hay élites que tienen un comportamiento, por una parte, egoísta y, por otra, un comportamiento muy doctrinario a la hora de pensar que la desigualdad es inherente al ser humano y que, por consiguiente, no es un tema que deba preocuparles. Entonces no hay una respuesta única por eso mismo, porque en los trabajos élites siempre se habla en plural, de las élites, no se habla de la élite, es decir, yo creo que no hay un solo grupo de poder, o un solo grupo que maneja los hilos de la realidad.

 

Con esta última respuesta que nos ha dado, ¿podría proporcionar algún ejemplo de esas élites que en algún momento de la historia ha percibido usted que son élites más comprometidas con estos cambios hacia las igualdades dentro de sus sociedades, y cuáles son las élites más recalcitrantes al momento de avanzar hacia este tipo de igualdades?

Las élites vinculadas al cambio, en la mayoría de los países de América Latina, se pueden encontrar en el mundo de los intelectuales, de la academia. Yo creo que se ha dado una clara presencia de este tipo de escenarios, también en algunos momentos en la Iglesia. Pienso en el momento de la teología de la liberación, en cómo la Iglesia y también ciertos sectores de estas élites intelectuales tuvieron una presencia muy clara en la reivindicación de la igualdad. En pocos momentos ha habido una élite política verdaderamente comprometida con la transformación y sensible a la misma; posiblemente la política en América Latina entró en un escenario que fue muy definitorio en la década de los años setenta, cuando ciertas élites políticas pensaron que no había otra salida sino la revolución. Esto finalmente supuso un paso atrás en el proceso de evolución de la vida política latinoamericana. 

Es más difícil encontrar este sentido en las élites empresariales, por ejemplo, si bien uno puede encontrar un empresario modernizador o con una sensibilidad social y con cierto criterio de solidaridad, está bastante ausente. Pero en general también tengo que decir que algo que se evidencia es una gran ausencia de estudios sobre élites sectoriales en América Latina, es decir, no he visto un estudio sobre élites empresariales y valores de ellas. Eso es algo que la Ciencia Política no ha abordado, o se ha dejado a la gente de historia de pensamiento económico u otras disciplinas.

 

Neuropolítica

 

Dentro de los temas de su agenda de investigación se encuentra el tema de la neuropolítica. Podría compartirnos sobre la esencia de estos estudios, ¿qué objetivos se persiguen con tales investigaciones y cuáles son las principales críticas que en su opinión se hacen a este enfoque de investigación?

La principal crítica que se hace es desde la ignorancia y se hace también desde cierto miedo del determinismo. Se piensa que se puede estar frente a lo que sería un escenario monstruoso de construir Frankensteins políticos o que hay un determinismo en donde lo biológico decreta el comportamiento político. Este es un miedo que lo veo siempre que abordo este tema en mis clases. Cuando hablo no sólo de neuropolítica sino de genética, a la gente le da miedo pensar que podemos estar predestinados. Yo respondo que esto no es así, que en concreto la neuropolítica y los estudios más relevantes del cerebro dicen que el cerebro es una página en blanco y que se escribe sobre el cerebro. Dicho esto, el cerebro también tiene una serie de limitaciones o de constricciones estructurales sobre cómo aprendemos las cosas y por qué tenemos miedos, o cómo nos protegemos del miedo o de la incertidumbre, del peligro y de la sensación del peligro. 

Eso está muy estructurado en nuestro cerebro y lo que yo planteo con esta aproximación es algo muy foucaultiano. Foucault dentro de la complejidad de su pensamiento nos llamó la atención sobre el cuerpo, se refirió a una cuestión tan obvia como es el cuerpo. Yo, estirando un poco esta visión de Foucault, lo que digo es que los seres humanos tenemos cerebro, y que el cerebro es un dato. Por consiguiente, ese dato debemos tenerlo en cuenta a la hora de nuestros análisis. Cuando pongo el caso de mi propia trayectoria como investigador, si resulta que mi objeto de interés es un individuo al que llamamos político, ese individuo se mueve en el seno de instituciones, evidentemente, y las instituciones le constriñen su movilidad. Pero sobre todo es un ser humano. Siendo un ser humano tiene genes y tiene cerebro y, por consiguiente, hay que ser conscientes de que tiene cerebro y que además el cerebro es algo fundamental en el ser humano. Como decía anteriormente, gracias a una determinada forma de funcionamiento de ese cerebro tenemos mejor o peor memoria, gracias a un determinado desarrollo del tipo de cerebro tenemos mayor capacidad de empatizar con la gente. Tanto la memoria como la empatía son dos características fundamentales de un político. 

Entonces yo diría que un político que se precie, debe hacer gimnasia cerebral para recordar nemotécnicamente el nombre de un votante, o de un posible militante al que ve en una reunión y dos años después le vuelve a ver. Que logre tener esa capacidad para acordarse de su nombre y decir: “Ah, tú eres Pedro y cómo va tu esposa, recuerdo que hace dos años estaba a punto de dar a luz, qué tal vuestro hijo”. Esto tiene que ver con gimnasia cerebral. Es decir, hay personas que están dotadas de esta habilidad, pero eso se ejercita. Pero luego, por otra parte, el cerebro proyecta sombras en términos de enfermedades mentales. La enfermedad mental puede no ser soportable, de tal manera que alguien que estuviese enfermo cerebralmente, mentalmente, posiblemente debería ser excluido de la política. Todas estas cuestiones son las que los politólogos debemos discutir.

 

¿Estos temas también persiguen buscar cómo reacciona el cerebro, qué preguntas, qué señales, qué motivaciones puede tener una persona más o menos del promedio o dentro del promedio a la que el político le quiere llegar y entonces la neuropolítica le ayuda al político precisamente a hacer campañas electorales más eficaces. Tal vez por aquí es donde existiría el mayor de temor del común de las personas, es decir el miedo a me van a programar, me van a manipular para yo votar?

Por supuesto, de hecho, esto ya se está haciendo. Lo que yo planteo como politólogo es que debemos incorporar esta dimensión. Es decir, debemos incorporar análisis neurológicos además de los psicológicos sobre los que hay más tradición. La neurología es una ciencia que ha evolucionado enormemente en los últimos 30 años, entonces lo que yo defiendo es que el politólogo no puede ser ajeno a eso. Por ejemplo, cuando se estudian las carreras políticas, una palabra que aparece en cualquier trabaja sobre este tema es la palabra “ambición”. La ambición es, por supuesto, una construcción social, pero también es una construcción neuronal, es decir hay personas ambiciosas y mi pregunta a un neurólogo sería ¿hay un cerebro ambicioso? Esa es la cuestión. Porque si hay un cerebro ambicioso significa que podemos trabajar sobre él. 

Vamos a suponer que tenemos un candidato buenísimo que es un candidato muy bien preparado, honesto, conoce la historia del país, tiene cualidades para hablar con la gente, para relacionarse, pero no tiene ambición. Entonces por qué no trabajar con ese mecanismo cerebral que tiene que ver con la ambición, ¿por qué no desarrollar la ambición? Claro yo sé, y repito, que esto da miedo, pero también desarrollamos otras cosas y no dan miedo. Por ejemplo, desarrollamos que un político tenga una buena figura, mediante su ida al gimnasio, que luzca bronceado, o le llevamos a la mejor tienda para que vista de una manera deportiva. Eso sin embargo sí está bien visto, y sin embargo nos da miedo pensar que podemos ejercitar la ambición de esa persona, cuando la ambición tiene un aspecto en la vida de los seres humanos que es positiva. Porque la ambición es superación, es ganas de comprometerse, etc., frente al adocenamiento de quedarte arrinconado sin hacer nada. Entonces esos son los nuevos elementos a los que me refiero que se introducen en nuestra agenda de discusión.

 

Para las personas que estén interesadas en aprender sobre el tema y avanzar en estudios sobre nueropolitica, ¿cuáles considera que son los autores referenciales que relacionan la neurociencia y la política?

Hay una producción escrita importante y de hecho hay una asociación de nerupolítica en Estados Unidos que ya se reúne regularmente en congresos y que presentan artículos. Pero luego hay trabajos que se me vienen a la mente, por ejemplo: de filósofos como Domingo García-Marzá, Adela Cortina, que es una filósofa excelente y una intelectual muy brillante que ha tenido inquietudes sobre esto. En Ciencia Política el único trabajo que conozco en España sobre esto es el mío, que es un ensayo otra parte muy introductorio, una revisión de la literatura para tomar conciencia de eso y transmitir a los colegas que quieran leerlo, esa inquietud porque, reitero, yo no he hecho investigación al respecto. Soy un absoluto aficionado en este tema, considero que vale la pena, lo mismo que valen la pena los análisis de genética, la vinculación entre genética y política en donde la pregunta puede ser si hay un gen de izquierda o no. Es decir, ¿la gente que se sitúa a la izquierda, está de alguna manera condicionada genéticamente o no? Esta es una pregunta de investigación en la que podría empezar a haber muchos trabajos. Hay varios textos de este tema tanto en español como por supuesto en inglés.

 

¿Cuál sería una buena estrategia de investigación para emprender estudios en el campo de la neuropolítica?

Hay que ser muy realista, tienes que alinearte con un neurólogo que realice investigación en neurología. Debemos plantear cuestiones interesantes y creo que es importante romper estas fronteras que tenemos entre las disciplinas. Yo lo he intentado hacer en Salamanca y tengo un par de buenos amigos que son neurólogos del Instituto de Neurología de Salamanca, pero claro la neurología es un ámbito muy técnico y muy amplio. En Salamanca, por ejemplo, son muy buenos en cuestiones de audición. He encontrado gente que le interesa lo que he escrito y que me lo han corregido, pero no he encontrado personas para hacer investigación; porque eso, ya digo, requeriría ver a alguien que tuviera una inquietud similar a esta, y ello es complicado. Mi tarea es enseñar a la gente que existen nuevas vías y que hay cosas que es necesario seguir pensando para luego explicarlas y no quedarnos en el más puro convencionalismo.

 

Partidos Políticos

 

Dentro de las principales tendencias que pueden existir en América Latina respecto a los partidos políticos, ¿cómo considera que puede visualizarse su futuro, teniendo en cuenta que existe un amplio escepticismo dentro de la población latinoamericana relacionado con la labor de los partidos políticos en la sociedad?

Una primera cuestión es que la idea de crisis en los partidos es muy antigua, incluso puede datarse desde 1900. Esto es algo que debemos tener muy en cuenta. La idea básica de un partido político es que está conformado por un grupo de individuos que realizan un trabajo común sobre supuestos de interpretar la realidad política de la misma manera y teniendo soluciones para los problemas de la misma compartidas. Esto no creo que vaya a desaparecer nunca. Lo que va a desaparecer, y de hecho ya ha desaparecido, es un listado de funciones tradicionales de los partidos políticos. Esas son cuestiones que han variado mucho en virtud de cambios en las instituciones y en la sociedad. Entonces, cuando hablamos de partidos hoy día, no nos referimos al partido de los años 1950 ó 1970. Y considero que esta cuestión sobre los partidos políticos cambió para siempre. 

Entonces tenemos que ver cuáles son los cambios producidos en la sociedad para ver cómo eso ha influido sobre los partidos políticos. En este sentido, hay un par de cambios ocurridos en la sociedad. Esos cambios son, primero, que provenimos de sociedades donde las tecnologías de la información y de la comunicación ocupan un lugar prominente (Castells). La segunda, es que la sociedad, como diría Bauman, es una sociedad líquida donde los vínculos se han desestructurado; las identidades, son muy difusas, contradictorias y superpuestas y resultado de esto es que los individuos se han desalineado, y lo han hecho de los partidos tradicionales. Digamos que, desde la demanda, hay un problema. La gente no se siente vinculada a un partido, la gente no se siente identificada o se siente identificada cinco minutos y luego de esos cinco minutos ya no. La gente tampoco está dispuesta a realizar ningún tipo de trabajo voluntario. Y estas conductas profundamente individualista están muy generalizadas.

Desde la perspectiva de las nuevas tecnologías, encontramos que son un torpedo en la línea de flotación del partido político como un mecanismo de intermediación. Es decir, la gente siente que con el teléfono celular no necesita intermediación; con el teléfono se puede hacer una foto de algo que se ve y se manda a un periódico, a un alcalde, a un gobernador o simplemente a su red de contactos. Sobre esto, la persona puede hacer un meme o escribir una frase, la cual se puede viralizar o no. 

Por otra parte, la gente siente que puede agregar intereses mediante sus grupos de cualquier red social. En este punto, la gente está inmersa en distintos grupos sectoriales. En cada grupo específico se puede hablar de deportes, de cocina, el grupo familiar, etc. Todo esto ha sustituido en gran medida la dinámica tradicional de los partidos. Como resultado, algunos partidos intentan reconducir esta situación, crean su perfil de Twitter y arman sus grupos de seguidores, pero esto se superpone dentro de todo este universo; el perfil de Twitter del partido es uno más de este universo. Se genera como resultado la pérdida de la capacidad de cooptar e integrar personas reales por parte de los partidos. Esto no significa la muerte de los partidos, pero sí un cambio de cómo los concebíamos anteriormente.

Particularmente, sigo pensando que los partidos políticos son muy importantes para seleccionar candidatos, aunque esto podría ser una postura muy voluntarista de mi parte. Sin embargo, podemos darnos cuenta que se abren vías para candidatos independientes. Pero, pienso en una anécdota que me sucedió hace muchos años con Jorge Castañeda, para las elecciones mexicanas presidenciales de 2006. Castañeda pensaba lanzarse como candidato independiente. Tuvimos una mesa redonda en Madrid y yo le pregunté: "Sr. Castañeda, si usted gana como candidato independiente ¿con quién va a gobernar? Es decir, no me refiero sólo con quién va a gobernar respecto a con qué apoyo va a contar ud. en el Congreso. Si no, literalmente, ¿cómo va ud. a seleccionar a su Secretario de Hacienda, a su Secretario de Relaciones Exteriores, a su embajador en Washington? Eso es una gran cantidad de gente, esas son como 500 personas."

 

Por supuesto, la respuesta la ha dado Macrón en Francia 12 años después. Su actuación me ha parecido fascinante. Macrón fue a una oficina de Head Hunters para que le ubicaran candidatos y poder configurar las listas de su "En Marche!". Buscó candidatos con determinados perfiles: por ejemplo, primero, personas que no hubiesen tenido ningún vínculo con actos de corrupción. Segundo, profesionales que podían ser desde enfermeras hasta economistas bancarios. Y, tercero, candidatos entre 35 y 42 años de edad y que viviesen en distintos sitios del país, no sólo en París, para poder tener representación en toda la nación. Estos candidatos los buscó una agencia. Si los seleccionados aceptaban, firmaban los documentos de compromiso, y Macrón de igual manera. 

 

Es esta la forma como Macrón configuró su partido político. Obviamente, no ha pasado todavía un año y desconozco cómo se está desempeñando la Asamblea, qué ha significado ese nivel de inexperiencia de sus candidatos, etc. Sin embargo, quiero hacer énfasis en que Macrón ha estructurado así a su partido político, es decir, no es un partido estructurado a la vieja usanza. Por vieja usanza quiero decir que antes se iba a un partido político y uno se afiliaba porque el tío, su padre, sus familiares le animaban a hacerlo. O también porque el partido político le buscaba por tener interés en esa persona. Esto es lo que quiero decir a propósito de lo que ha desaparecido de los partidos políticos, sin embargo, el partido político no ha desaparecido como tal.

 

 

Respecto a la fórmula Macrón para seleccionar candidatos y su manera para estructurar a un partido político, ¿cree posible que en Latinoamérica podría utilizarse una fórmula similar para la selección de candidatos?

 

Latinoamérica es pionera en este tipo de selección de candidatos. Perú es un gran ejemplo de ello. Así lo hicieron en primer lugar Fujimori, luego Ollanta Humala, Toledo, el propio Pedro Pablo Kuczynski. También Piñera, en Chile, en la actual conformación de su gabinete, o el propio Macri en Argentina que acaba de poner fuera de juego a 900 personas. Es decir, esta cuestión de la confianza y la lealtad hacia ciertas personas ha desaparecido dentro de la selección de candidatos de los partidos. Otro ejemplo es que el candidato actual del PRI, en México, ya no es un candidato perteneciente al propio partido. El PRI ha elegido a José Antonio Meade que no militaba en el PRI. De hecho este es un tema que va siendo mayoritario en Latinoamérica.

 

Otro ejemplo, que conozco de cerca, porque es un colega de hace muchísimos años de la Universidad de Costa Rica, es el de Luis Guillermo Solís. Luis Guillermo, selecciona a un buen grupo de sus embajadores dentro de sus colegas de universidad.

 

En este sentido, la lealtad y la confianza han sido replanteadas porque, por un lado, puede ser que no haya confianza en las personas que integran el partido político ya sea porque los integrantes del partido político son limitados o ya sea porque en la calle, o en el mundo, se consigan personas más preparadas para desempeñar ciertos cargos.

 

Presidencialismo

¿Dr. Alcántara, considera que un presidente debe ser poderoso? La literatura sobre presidencialismo tiene tres posturas al respecto. Una parte dice que sí lo debe ser. Otra parte dice que no debe serlo. Y otra parte cree que esto es relativo y depende de las condiciones contextuales donde se desempeñe el sistema presidencial. ¿Cuál es su postura al respecto?

Respecto a este tema podemos señalar cuatro variables. La primera, es lo que dice la Constitución y las reglas que desarrolla la Constitución. Es decir, efectivamente, hay muchas constituciones que la dan mucho poder a los presidentes y hay otras que le dan menos. El presidencialismo latinoamericano es sumamente heterogéneo, sólo desde esta perspectiva formal. Mercedes García Montero lo demuestra en sus investigaciones. Ella crea un índice de iniciativa legislativa de los presidentes, es decir, el Poder Legislativo de los Presidentes (IPIP).  En resumen, lo primero es lo que dice el papel.

Dos, la personalidad del presidente. Esto es, los factores estructurales de cómo es esa persona, qué tipo de liderazgo ejerce, etc. Esto está relacionado con lo que hablamos anteriormente sobre el tema de la neuropolítica. 

Tres, la correlación de fuerzas con los otros poderes. Aquí se incluye también el partido del presidente. Y en esta parte hay que tener en cuenta también otras cuestiones, es decir, si el presidente está en mayoría o en minoría en el Congreso, si el presidente controla a su partido o si su partido le hace la vida imposible constantemente. Hay varios ejemplos para este último caso. Allende no controlaba al Partido Socialista, de hecho, el Partido Socialista no estaba de acuerdo con Allende. Otro caso muy conocido es el de Carlos Andrés Pérez y Acción Democrática en los 90. A Carlos Andrés Pérez se le va de las manos el partido. Lo que quiero decir con esto es que Carlos Andrés Pérez pudo haber tenido liderazgo y mucha personalidad, la constitución venezolana podía proveerle de muchos poderes, pero el partido le hizo la vida imposible. 

Y, cuatro, el contexto. Por ejemplo, el presidente empieza su mandato y en su primer día de gobierno hay un terremoto donde mueren 50 mil personas, lo que vuelve al país un caos. O también el caso de que un país vecino le invada su territorio. O que haya una fuerte crisis financiera. En este sentido el contexto determina un mandato presidencial. En este caso hay presidentes que han tenido mucha suerte y nunca les ha pasado nada. Ejemplos contrarios que validan el peso del contexto los tenemos en el caso de Jamil Mahuad en Ecuador o en el de Alfonsín en Argentina.

Estos cuatro elementos mencionados configuran un cuadrado y el presidente está dentro de él. Entonces, ya vemos como la respuesta a esta pregunta es aleatoria. Nosotros, como politólogos, sólo controlamos la variable institucional, es decir, qué dicen las reglas. Por ejemplo, un presidente que tiene la capacidad de disolver el Congreso, es indudablemente un presidente más fuerte. O un presidente que tiene posibilidad de veto, y que para superar el veto necesita de tres cuartas partes de la Asamblea, también tiene una capacidad muy fuerte. En resumen, cuando aplicas estos cuatro elementos, la realidad presidencial latinoamericana es extremadamente heterogénea.

 

Vistos los últimos veinte años de desempeños políticos en Latinoamérica y trayendo al caso la teoría del maestro Juan Linz, ¿considera que el presidencialismo no es un buen sistema de gobierno para América Latina y sería preferible el parlamentarismo o, como dice una buena parte de la literatura de los últimos años, que el presidencialismo no es tan malo como fue expuesto en un principio del debate, sino que más bien se le deben hacer ciertos ajustes para que vaya funcionando mejor?

Haciendo una gran abstracción, por un lado, el presidencialismo es el sistema político al que los latinoamericanos están acostumbrados. Es una tradición que ha contribuido a configurar la cultura política latinoamericana. El presidencialismo ha generado unos hábitos que sería muy complicado retrotraer. Esta es justamente la gran crítica que le hizo Nohlen a Linz. Ahora bien, fuera de eso, yo soy muy “linziano”. Es decir, el parlamentarismo tiene mecanismos institucionales e incentivos para generar otro tipo de políticas menos personalistas. Pero, cuidado, cuando me refiero a la palabra "personalista" se puede entender como algo peyorativo. Debemos tener claro que toda política es personalista porque se origina en personas. Entonces, más bien debería hablar de la concentración del poder en una persona, sin frenos. Este último aspecto lo suaviza un poco el parlamentarismo. Por otra parte, el parlamentarismo anima a pactar entre los actores. 

 

Sin embargo, el parlamentarismo también puede generar una inestabilidad brutal. Pensemos ahora mismo en el caso de Perú. En el parlamentarismo, Kuzcynsky no hubiese podido investirse como presidente porque no tendría mayoría. O, también, se habría configurado una mayoría que efectivamente lo apoyase, de la que no fuese un rehén; es decir, que el presidente tuviese unos instrumentos mínimos de negociación con su mayoría. 

 

Ahora bien, si nos vamos al ser, y obviamos el deber ser, creo que el presidencialismo latinoamericano no ha funcionado tan mal y que las crisis que han existido finalmente han terminado resolviéndose razonablemente bien. Por ejemplo, frente a la idea de que lo que pasó en Brasil fue un golpe de Estado, yo no lo veo así. Es decir, reconociendo que existió una situación anómala y de fuerte polarización, Brasil vivía en un escenario de presidencialismo de coalición. Lo que la Sra. Dilma fue incapaz de mantener fue precisamente esa coalición. Entonces se formó una coalición contraria que la echó. Lo importante que debemos tener en cuenta es que la lógica de Brasil era en ese momento coalicional. No me sorprende en absoluto que se actuara contra ella, y nadie hace el autoexamen de decir ¿qué hicimos mal?, es decir, ¿qué hizo mal Dilma?

 

Tuve la fortuna de estar con Dilma hace muy poco tiempo en un seminario. Estábamos incluso en el mismo hotel y cenábamos juntos. En realidad, lamento mucho no haberle hecho esa pregunta directamente. Considero que ella es una persona muy valiosa, y por eso debí haberle preguntado: “Dilma, ¿cuál fue tu responsabilidad en ese caso?” Ahora bien, ella tenía una gran ventaja y una gran fuerza: que fue electa por todos los brasileños. La anomalía es que no se respetase el mandato popular. Entonces, la pregunta más precisamente sería: “¿por qué una coalición parlamentaria le quita del medio?”

 

El día 19 de enero, en la Tribuna del diario español El País, ud. comentó que "...el presidencialismo es un juego en el que el ganador se lo lleva todo. No hay posibilidad de articular soluciones consociacionales." Esto parece bastante claro en el caso de la Venezuela de Chávez y Maduro, en el Ecuador de Rafael Correa o en la Bolivia de Evo Morales como ud. mismo lo menciona. Sin embargo, cree ud. que el presidencialismo en toda la región tiende a generar resultados de "suma 0", es decir, que no podrían producirse resultados consociacionales? ¿Los casos de Uruguay o Chile, también los consideraría así?

 

Sigo considerando que el presidencialismo sigue generando resultados de suma “0” porque el presidente se lo lleva todo. El presidente elige su gobierno toma las decisiones de si se va por una dirección u otra, y no da chance a nadie más. En algún momento, se podría decir que no es de suma "0", por ejemplo, en la época de la Concertación en Chile donde había socialistas, demócrata cristianos, del Partido por la Democracia, radicales, y entre todos configuraban un gabinete. En este ejemplo, el presidente no se llevaba todo porque era consciente que tenía que negociar con todas las fuerzas. En el caso de Uruguay también podría ser que no se lleve todo porque el presidente tiene que repartir entre los integrantes de la gran coalición de izquierda que es el Frente Amplio.

 

-- Respecto al tema de la AECIP, ¿cuáles son las iniciativas que deberían tomarse para fortalecerla, es decir, pasar de un proceso de consolidación a un proceso de institucionalización para poder ser reconocida en la región?

En primer lugar, les recomendaría que deben nacionalizar la Asociación, es decir, que deben tener cinco centros a nivel nacional repartidos a lo largo del territorio y que estos centros estén activos. Entiendo que Ecuador es un país pequeño y la Ciencia Política es una disciplina en este país pequeña, pero se debe hacer ese esfuerzo. Segundo, mantener grupos de trabajo por áreas temáticas me parece muy interesante, para que los afiliados trabajen en sus áreas de interés. Tercero, hacer un trabajo de lobby en medios de comunicación y en instancias oficiales, para poder lograr que se valore el trabajo de los politólogos, no todo quien opina de política tiene el conocimiento suficiente que le brinda la politología. Cuarto, mantener los congresos bianuales; creo que eso es muy importante, hay que intentar atraer a otros colegas de países próximos y a aquellos que trabajan fuera sobre Ecuador. Y, quinto, mantener una página web muy activa que genere productos, working-papers, etc. Eventualmente, en el futuro, lograr editar una revista, aunque sé que eso es mucho trabajo y mucho esfuerzo, pero debe pensarse en ello.