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Entrevista 

Mariana Caminotti

Doctora en Ciencia Política 

Universidad Nacional de San Martín

Entrevistadoras:

Lina Camacho - Camila Ulloa

¿Cuáles crees tú que son los rasgos distintivos de la Ciencia Política en América Latina?

Me encanta tu pregunta porque creo que la Ciencia Política en América Latina tiene algunas características particulares que la diferencian bastante de la Ciencia Política del norte. La Ciencia Política de América Latina ha sido una disciplina muy vinculada con la sociología y con la historia, y ha sido muy rica en analizar la especificidad de los procesos y la historia latinoamericana. En los últimos, por lo menos, quince años hasta esta parte, por poner un punto de inflexión, se ha ido volviendo además más sistemática.

Ciencia Política latinoamericana ha sido una disciplina orientada por los temas de investigación y las preguntas, y no tanto por los métodos. De hecho, si uno piensa en quiénes fueron los grandes politólogos latinoamericanos, como Guillermo O’Donnell, la verdad es que O’Donnell era un politólogo muy preocupado por los temas sustantivos de la democracia, del Estado, de la ciudadanía y con una impronta más bien teórica; un gran politólogo que ha creado teorías y conceptos para entender la realidad política en nuestra región, y las generaciones más jóvenes de politólogos han empezado a tener una formación más centrada en las técnicas. Justamente, creo uno de los efectos que ha tenido que muchos colegas empezaran a formarse en universidades norteamericanas es que se sofisticaron mucho más las estrategias y los métodos de investigación. Eso, por supuesto, si uno forma parte de una disciplina con pretensión de cientificidad es fundamental y ha permitido disciplinar muchísimo la forma de estudiar los fenómenos políticos.

Mi única preocupación es que creo que tiene que haber un saludable balance entre poder pensar problemas de investigación porque nos preocupan aspectos sustantivos que afectan la vida política y social, y además ser rigurosos en la forma en que estudiamos esos problemas tratando siempre de contribuir a mejorar las teorías que tenemos sobre los fenómenos. Mi temor es que quizás, por las presiones que tenemos para producir de una determinada manera y para publicar en determinados ámbitos, los métodos se ubiquen por delante de los problemas sustantivos, no digo que esto ocurra siempre ni necesariamente, pero noto una tendencia a poner más el acento en cómo hiciste las cosas que en qué preguntas de investigación estas respondiendo. En algunas revistas, para publicar, tiene más importancia cómo hiciste el estudio que cuál es la pregunta sustantiva que hay detrás; entonces, mi preocupación es que la Ciencia Política no termine capturada de alguna manera por una sofisticación metodológica, que sería muy saludable en combinación con que se mantenga atenta la preocupación por los temas sustantivos que se estudian. Esa es una situación que se debe balancear muy bien, porque no necesitamos un cañón para matar un mosquito, a veces usamos un instrumento más sencillo, dejemos los instrumentos sofisticados para preguntas que requieren instrumentos sofisticados, es decir, que no nos gobiernen las técnicas. Las técnicas deben estar al servicio de hacer buenas investigaciones sobre problemas relevantes, ese creo yo que es el desafío que como disciplina tenemos por delante.

Y un poco relacionando con esto de los rasgos distintivos, ¿crees que hay una preferencia o marco teórico que predomine en Argentina o en general en América Latina?

Hablar de América Latina es muy grande, yo conozco mejor lo que pasa en la Ciencia Política en algunos países, puedo hablar de Argentina, de lo que veo en México que es otra academia que conozco y lo que veo con mis colegas en los congresos donde nos encontramos todos. Yo creo que hay algo que alguna vez Almond llamó “las mesas segmentadas”. Todavía hay una división muy importante allí y que tiene que ver con cierta distinción entre quienes hacen investigación cualitativa y quienes hacen investigación cuantitativa, y eso conlleva normalmente marcos teóricos diferenciados. Quienes hacen investigación más cualitativa recurren al institucionalismo histórico y en ese tipo de marcos analíticos se da más importancia a los procesos sociales y políticos vistos en su complejidad, con la idea de una “trayectoria dependiente” y demás, mientras que quienes hacen estudios cuantitativos recurren a teorías más formales, como la elección racional, pero me parece que todavía hay una división que es interesante porque indica hay pluralismo y diferentes perspectivas para mirar los problemas políticos. En cambio, lo que me preocupa es que siguen siendo “mesas separadas” y me parece que sí hay un interesante esfuerzo por delante para integrar mejor estas perspectivas en investigaciones multimétodo, donde se pueda un poco combinar perspectivas teóricas y metodológicas diversas. Todavía me parece que eso no es lo que prima, me parece todavía que es un ideal, no digo que no ocurra, pero no es lo más frecuente, lo más frecuente es un diálogo entre sub-comunidades. El problema, a veces, es que es no hablamos el mismo idioma y que no conocemos el idioma del otro, entonces el diálogo se vuelve difícil porque cuando te critican un paper no te están criticando desde tu propia lógica, entonces todavía hay un desafío en cuanto la formación para poder tener profesionales que se muevan más cómodamente entre las diferentes teorías y métodos. Aunque todos tenemos preferencias y nos inclinaremos por ciertos tipos de preguntas y ciertos tipos de métodos en consecuencia, me parece que todavía existe el desafío que una formación nos de mayor ductilidad.

Hay carreras que están más orientadas en una dirección y hay carreras que están más orientadas en otra, pero hay pocas donde se de una formación que combine los métodos. Por ejemplo, no conozco muchos/as colegas que se muevan con la misma facilidad en métodos cualitativos y cuantitativos, son pocas las personas que logran eso y no es por problemas individuales sino de los programas; entonces, me parece que ese un desafío: poder tener profesionales de la Ciencia Política que, independientemente de lo que decidan hacer después como investigadores, tengan la capacidad de dialogar y de poder tener una perspectiva amplia de las teoría y de los métodos para poder discutir, cuando criticas un trabajo de otro, en los términos en los que ese trabajo está construido, me parece que eso fortalece el diálogo de la disciplina y el avance de la investigación.

En Argentina, la formación metodológica todavía es deficitaria. En nuestras carreras de grado de Ciencia Política prácticamente no hay métodos, son excepcionales las carreras donde existe una mayor formación, en esto nos diferenciamos de la sociología. En Argentina, los sociólogos tienen más formación en métodos, para darles una idea, en la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires se acaba de reformar el plan de estudios incorporando métodos. Hasta este año, la principal carrera de Ciencia Política de una universidad pública argentina tenía una sola metodología general. Entonces, alguien que se graduaba no tenía idea de los métodos de investigación y donde yo me gradué de licenciada en Ciencia Política, en la Universidad Nacional del Rosario que tiene una muy buena facultad de Ciencia Política, pasaba exactamente lo mismo, teníamos epistemología y una sola materia de métodos. Yo me recibí de licenciada en Ciencia Política así y creo que es un problema.

En el posgrado, los cursos de métodos aparecen separados de los cursos teóricos, entonces uno estudia teoría política, instituciones, y luego vienen los cursos de métodos como si fuesen algo separado, cuesta mucho integrarlos. Esto, por supuesto, se agudiza en el grado. Por ejemplo, cuando uno empieza a enseñar más métodos en carreras de grado, los estudiantes no tienen idea de que los textos que ven en los cursos teóricos están construidos metodológicamente, y los cursos de métodos muchas veces se transforman en cursos de técnicas sin una orientación más clara sobre la lógica de la investigación y cómo se ordena un argumento en base a qué evidencia y con qué procedimientos. Otro ejemplo, en mi unidad académica, que es la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín, en la licenciatura tenemos tres cursos de metodología: una metodología general, una cualitativa y una cuantitativa. Lo que tratamos de hacer es tener un curso inicial donde se entienda la lógica de la investigación social y luego profundizar en los métodos cualitativos y cuantitativos. Creo que es importante que, cuando se tienen pocos cursos, se trabaje la lógica del razonamiento y no las técnicas y, en todo caso, las técnicas se pueden aprender en talleres, workshops, cursos cortos; por ejemplo, nunca quiste que el curso de métodos cualitativos se transforme en un curso sobre entrevistas, porque eso es una técnica y no entiendo qué lógica hay detrás.

Nosotros, en el curso de métodos cualitativos, nos enfocamos en estudios de casos porque en Ciencia Política los métodos cualitativos básicamente son estudios de caso o comparados, pero estudios de pocos casos. Entonces, me importa mucho que los y las estudiantes entiendan la lógica del estudio de pocos casos y luego entonces sí podemos ver técnicas de entrevistas, técnicas de observación, pero en función de entender para qué las estoy aplicando, no para aplicar una técnica suelta. Me parece que se está avanzando bastante en este momento y que hoy hay muchísima mayor conciencia que hace una década atrás respecto de esto. Quienes comienzan sus estudios hoy tienen una experiencia de formación bastante diferente de la que tuvimos nosotros hace quince años, tratando justamente de desarrollar cada vez más las habilidades metodológicas, y eso es básico para una disciplina científica. Pero también hay que entender que los datos sin teoría no tienen ningún sentido, que no hay método sin teoría (como diría Ruth Sautú) y que entonces necesitamos tener un pensamiento teórico desarrollado y seguir pensando problemas sustantivos y no qué técnica me permite publicar mejor.

¿Crees que en la disciplina hay un enfoque metodológico preponderantes?

Creo es hoy que los métodos cuantitativos gozan de mayor estatus en el norte y que, en América Latina, hay una tradición cualitativa, lo que produce una especie de bifurcación. Los métodos cuantitativos gozan de mayor estatus porque es innegable que se han desarrollado mucho, por un lado, y por el otro lado porque las principales revistas de la disciplina tienen ese sesgo. Los trabajos publicados en American Journal Political Sciencie o en alguna otra revista de alto impacto normalmente son estudios cuantitativos, tienen más chance, hay un sesgo positivo en favor de ese tipo de métodos, sobre todo si además tenemos modelos sofisticados y ese tipo de cosas, lo que por supuesto no me parece mal. En todo caso, lo no me preocupa es que no haya mayor diversidad.

En América Latina, justamente por este origen de la Ciencia Política más vinculada con la Sociología y con la Historia, hay una tradición de estudios cualitativos que a veces no son del todo sistemáticos, con lo cual muchas veces hay prejuicios contra los métodos cualitativos que tienen que ver, no con los métodos per se, sino con cómo son usados de manera, quizás, superficial. Eso ha contribuido un poco a generar descrédito, por decirlo de alguna manera, entonces tenemos un montón de gente que utiliza estudios cualitativos y tenemos métodos cuantitativos que son más prestigiosos y que llevan a mejores publicaciones, es la disyuntiva.

En Estados Unidos, en los últimos quince años, ha habido un gran desarrollo de los métodos cualitativos, con muchísimos debates y publicaciones importantes. De todas maneras, un indicador de lo poco que han permeado estas discusiones en América Latina es que todavía no tenemos publicaciones de esos textos en español. En este curso de la Escuela de Métodos de AECIP y FLACSO en Quito, yo no pude poner prácticamente bibliografía en español porque no hay, lo que hay de métodos cualitativos en español es sociológico, son manuales… pero de Ciencia Política, case studies, proccess tracing, método comparado, hay bastante menos. Eso habla de algo y también dificulta la enseñanza, porque esos textos los puedo usar en el posgrado, pero en el grado no los puedo poner, porque a los chicos y las chicas que recién se están formando, no les puedo exigir que lean textos metodológicos en inglés. Allí hay un desafío para lograr que se publique más en español, que se realicen traducciones de textos que son fundamentales y esto nos permitan actualizar a los estudiantes en discusiones que han avanzado un montón, hay una cantidad de libros de referencia sobre métodos cualitativos en Ciencia Política, autores de referencia súper interesantes y sólidos, pero no llegan a las editoriales, no sé.

Como decía, muchos profesionales que trabajan en América Latina hoy se forman en Estados Unidos, entonces me parece que el desafío es que se generen correas de transmisión para poder seguir el tren de los debates teóricos y metodológicos que tienen su epicentro allí, pero sin perder la preocupación que ha tenido históricamente la Ciencia Política en América Latina por los temas sustantivos y yo creo que en Estados Unidos no necesariamente eso se conserva. El desafío es que las exigencias de publicación no nos terminen obturando la imaginación teórica y la capacidad de hacernos mejores preguntas sobre nuestras propias realidades… Me parece que en Estados Unidos hay un desarrollo muy interesante del rigor metodológico, eso es innegable y esa es una parte importante de la disciplina. Pero también creo que los métodos son instrumentos para responder buenas preguntas y a veces uno ve que las preguntas quedan en segundo lugar. El reto, para mí, es que las preguntas queden en el primer lugar y que las respondamos de la manera más consistente y sistemática posible, sin invertir el orden de prioridades. En el orden de prioridades, creo que tenemos que poner el foco en las preguntas que nos hacemos sobre la política y el poder, no en qué método nos permite publicar mejor, no tiene sentido pensar en métodos desvinculados de preguntas.

¿Cuál sería el papel de la docencia en estos nuevos retos de la Ciencia Política?

Un desafío importante de la docencia es dejar de segmentar los cursos sustantivos y los metodológicos, no es fácil de lograr pero, por ejemplo, si uno dicta un curso de Ciencia Política, de instituciones políticas, o cualquier curso que implique revisar literatura empírica, es recomendable que se haga una discusión la manera en que están construidos esos textos. En mi doctorado, en el curso de Ciencia Política yo veía discusiones vinculadas con el origen de los Estados de bienestar o las trayectorias a la democracia, y nos quedábamos en la discusión de los argumentos sustantivos, sin discutir cómo se hicieron las investigaciones que sostienen esos argumentos, ese conocimiento que consumimos. Es decir, creo que es fundamental que haya menos divorcio entre las ideas y los métodos que usaron los autores para llegar a esos desarrollos y que, al día de hoy, hablando desde las academias que yo conozco, eso sigue siendo un desafío sobre todo al nivel del grado donde muchas veces los estudiantes llegan al curso de métodos pensando que eso no tiene nada que ver con la carrera. Tenemos que poder diferenciar la calidad de las investigaciones que nos llegan a las manos.

Otro desafío de la docencia en el posgrado tiene más que ver con los métodos cualitativos, me parece que los métodos cuantitativos están más estandarizados y muchos postgrados han desarrollado mejor los cursos cuanti, pero los cursos cualitativos todavía deben desarrollarse más. Sigo viendo experiencias donde los cursos de métodos cualitativos son cursos más bien de técnicas. No estoy en contra de enseñar a usar técnicas, pero no podemos reducirnos a eso, porque entonces formamos profesionales que después no tienen criterios cualitativos para juzgar estudios cualitativos y todo lo juzgan desde criterios que son inconsistentes, O sea, si yo voy a juzgar un estudio de caso teniendo en la cabeza la lógica del método cuantitativo, no lo podré apreciar, no podré ver cuáles son sus debilidades y cuáles sus fortalezas, es como si fuera un idioma que no hablo. En los posgrados hay un mayor desarrollo de lo cuantitativo y quizás eso venga de la formación en Estados Unidos, porque los métodos cualitativos –si bien hay una muy rica y vibrante discusión actual– se han desarrollado más desigualmente, dependiendo de los programas y las universidades.

¿Cuál sería el papel de las revistas?

Ahí tenemos un problema y es que hay pocas revistas con buenas indexaciones, y a veces en esas revistas hay un sesgo: veo más posibilidades de publicar un buen estudio cuantitativo que un buen estudio cualitativo y quizás esto ocurra porque a veces hay menos pares evaluadores formados en ambas tradiciones, esa es mi impresión. En general, a quienes estamos en la vida académica nos evalúan por dónde publicamos, y hay pocas revistas que tengan los mejores índices en América Latina, todavía hay relativamente pocas, dada la cantidad de profesionales que somos. Necesitamos más revistas, y que las revistas muy buenas no tengan un sesgo metodológico específico sino criterios de excelencia más allá del método utilizado en un artículo. No es bueno para la disciplina que haya un sesgo metodológico, me parece que lo bueno para la disciplina es que haya rigor, podés tener un mal estudio cuantitativo y podés tener un mal estudio cualitativo o todo lo contrario, el tema es que no haya un sesgo en favor de uno u otro, sino que podamos jugar a simplemente cuales cumplen los criterios de calidad para poder entrar en la publicación, y no que nadie sepa de antemano que tiene más chance de publicar si utiliza un modelo multinivel que si hace un excelente estudio de caso, eso me parece un problema.

¿Cuál sería el doctorado ideal en Ciencia Política?

Es un doctorado que forma profesionales dúctiles, flexibles, que se puedan especializar, pero logren moverse con comodidad entre distintas tradiciones, utilizar distintos métodos, comprender distintas formas de abordar la investigación, que estén muy actualizados con los debates teóricos corrientes en la disciplina y los problemas sociales y políticos vigentes en la región.

Un tema que a mí me preocupa particularmente es la marginalidad que tienen los estudios sobre género y política en la Ciencia Política latinoamericana, porque en Estados Unidos, si bien no es el tema mainstream por excelencia, en las universidades se trabaja. La American Political Science Association (APSA) tiene su sección de género, tiene una revista que se llama Politics & Gender donde es súper difícil publicar y tiene una alta indexación y todos los departamentos de Ciencia Política casi que necesitan tener un área de Gender and Politics porque está mal visto no tenerla y saben que es un issue para la Ciencia Política. En América Latina, todavía se piensa que uno estudia género, a secas. No tiene sentido eso, no existe algo como “estudiar género”. Si yo estudio temas de género vinculados a la Ciencia Política lo que estudio son procesos de reclutamiento político, de selección de candidaturas, carreras políticas, representación descriptiva y sustantiva, sistemas electorales, partidos, legislaturas. No estudio género, el género es una lente analítica, una categoría que me permite ver relaciones de poder entre actores políticos que muchas veces me quedan oscuras si no tengo esa perspectiva; pero el género no es un tema aparte y parecería que todavía hoy se lo ve así. Creo que la perspectiva de género está mucho más presente en otras disciplinas de las Ciencia Sociales que en la Ciencia Política.

La Ciencia Política latinoamericana, en particular, me parece archiresistente a poder incorporar las perspectivas de género como relevantes dentro de los cursos y, si una mira los planes de estudio de las carreras de grado y posgrado, no hay nada; eso me parece problemático, si lo comparo con lo que pasa con las academias más desarrolladas del norte no es así. No digo que el departamento de Politics and Gender sea el más grande en las universidades, pero lo tienen y tienen su revista y tienen su sección dentro de APSA y eso está institucionalizado. En América Latina todavía estamos a años luz de eso. Además, hay muy poca gente que lo trabaja desde la región con comparación con las colegas norteamericanas que estudian América Latina. ¿Cómo puede ser que tengamos países que hayan sido tan interesantes para estudiar estos problemas y no lo abordemos tanto? América Latina tiene desarrollos pioneros que no tiene ninguna otra región del mundo; a ver, no existen siete países con leyes de paridad en otras regiones del mundo, no existen 17 países con leyes de cuota obligatoria para los partidos políticos en otra región del mundo, no existen congresos con la cantidad de mujeres que existen en América Latina, eso llamó la atención de un montón de investigadoras, pero acá no no llama tanto la atención, somos poquísimas las politólogas que trabajamos esto; ahí me parece que hay un problema de invisibilización de un campo donde hay un prejuicio porque te dicen “estudiás género” cuando eso no tiene ningún sentido, no ven que estás estudiando temas que tienen que ver con el core de las preguntas que se hacen un politólogo o una politóloga. ¿O preguntarse sobre la representación política o el comportamiento legislativo no es de politólogos?

¿Crees que existe una brecha en la presencia de mujeres politólogas acá en la región?

La verdad es que hay muy poca evidencia empírica, yo puedo tener impresiones, pero hay un solo trabajo que leí sobre la producción de las politólogas y algunos otros datos que escribió una colega uruguaya, Cecilia Rocha. La poca evidencia sistemática que tenemos es que hay “techos de cristal” porque, a medida que avanza en el nivel jerárquico de las carreras, disminuye el número de mujeres. Por ejemplo, hay relativamente pocas decanas o directoras de departamentos que tienen mucha visibilidad, los datos mostraban que es menos frecuente que haya artículos que sean solo de mujeres y no en coautorías con colegas varones, mientras que sí hay muchos artículos de coautorías masculinas en las principales revistas. Me parece que sí, que todavía hay brechas y tampoco hay demasiada investigación que nos permita ir más allá del sentido común, hay un montón de explicaciones que se pueden dar sobre eso. No sé exactamente si tendrá que ver con temas en los cuales nos especializamos, con perspectivas metodológicas o con otras cuestiones más estructurales, pero no es muy difícil advertir que, cuando una piensa en los principales politólogos de la región, hay pocos nombres de mujeres que saltan rápidamente; no digo que no haya, pero no son mayoría, saltan más nombres de varón que de mujer, todavía. Me parece que hay que interrogarse bastante sobre eso.

En el últimos Congreso de ALACIP (Asociación Latinoamericana de Ciencia Política), en Montevideo, tuvimos una mesa que organizó la Red de Politólogas para discutir estos temas y éramos todas mujeres, allí también hay una limitación, son temas que cuesta mucho que se abran. Así como las agendas de investigación sobre política y género están marginalizadas, éstas discusiones parece que solo nos interesan a algunas de nosotras y eso también es un problema, porque el hecho de que haya un sesgo debería importarnos a todos. Pero independientemente de eso estábamos, hablando de las dificultades para la visibilización del trabajo académico de las mujeres, una colega dijo: “si a ustedes les preocupa visibilizar más su trabajo, publiquen con hombres”. Me parece que hay que ver cómo nosotras mismas estamos pensando esto, hay varias cuestiones que estudiar en ese sentido; veo, por ejemplo, que cuando los programas políticos argentinos tienen que invitar a un politólogo invitan a un varón, los hombres se animan a hablar de temas de coyuntura, aunque no conozcan mucho, las mujeres tenemos que ser expertas en algo para animarnos a hablar, cuando a veces es bueno y a veces es una exageración. Me parece que muchas cuestiones tienen que ver con obstáculos estructurales en un contexto donde (y no es ninguna novedad) lo masculino tiene un mayor valor simbólico.

¿Cómo animarías a más mujeres para que se inserten a la Ciencia Política, para que superen esas limitaciones que somos conscientes que existen?

Red de Politólogas es un ejemplo. Me parece que hay que crear redes, establecer mecanismos que nos permitan construir cierto poder colectivamente. Red de Politólogas es una iniciativa surgida de un grupo de colegas como Flavia Freidenberg, Julieta Suárez-Cao, Yanina Welp y Betilde Muñoz-Pogossian, que pretende visibilizar el trabajo académico de las politólogas, independientemente del tema que trabajen, emulando un poco una iniciativa que existe en los Estados Unidos, que tiene que ver con visibilizar. Por ejemplo, se busca desnaturalizar que en las conferencias magistrales de los congresos de la disciplina sean todos varones.

Este tipo de iniciativas de creación de redes, grupos que tengan el propósito específico de dar a conocer el trabajo de las politólogas y poder visibilizarlo, también crea mayor confianza, permite tener colegas con quienes apoyarte. La academia es un ámbito cooperativo y competitivo al mismo tiempo, porque hacemos trabajos colaborativos y nos puede gustar mucho trabajar con otros/as, pero después hay incentivos para competir porque hay concursos donde se juega un solo cargo, hay publicaciones en las que te exigen que sean individuales, entonces en un ámbito competitivo en algún punto, por eso creo que ayuda tener esos lazos que te permitan construir relaciones horizontales y de solidaridad, apoyarte, y la verdad que Red de Politólogas funciona muy bien en ese sentido, modestamente, porque se podrían hacer muchas más cosas, lo que pasa es que somos personas ocupadas en millones de actividades… pero al menos te permite decir que si AECIP organiza su congreso anual, tenga cuidado en este o aquel panel final de incorporar mujeres, parecen cosas menores pero no lo son porque transmiten mensajes simbólicos importantes. Si una joven que está empezando a pensar qué carrera universitaria va seguir, ver una disciplina completamente masculinizada o ver mujeres que aparecen en la televisión que debaten sobre política es otra cosa, los mensajes simbólicos son distintos, no es menor, a veces parecería trivial y muchos piensan “otra vez que quieren que pongan mujeres”, pero no es menor, porque están ahí y están invisibilizadas muchas veces. Entonces me parece importante tener este tipo de estrategias, para ver como apoyar concretamente la carrera de las mujeres, después les puedo compartir el manifiesto donde hay estrategias para promover el trabajo académico de las mujeres. En la medida que eso se mejore, habrá más incentivos para que haya más mujeres en la academia. Si uno percibe que tienen menos oportunidades, es probable que se incline por otras alternativas.

¿Cómo evitar que se creen los cuartos cerrados?

Red de Politólogas es una red de mujeres que trabajan sobre todos los temas y tenemos una base de datos. Cuando nos enteramos de congresos u otras actividades donde se olvidaron que convocar mujeres, decimos: “pero miren que está aquí esta colega que es una experta”. Aun así, muchos ven a Red de Politólogas y creen que tiene que ver con temas de política y género exclusivamente; es decir, hay una etiqueta, un efecto etiqueta que indica los prejuicios de género que todavía existen en la disciplina.

Otro indicador es que los varones, en general, con excepciones, no estudian sobre mujeres en política y en la medida que eso ocurre también ayuda, porque estudiar, por ejemplo, mujeres en Cortes de Justicia, como Santiago Basabe, no es estudiar mujeres, es estudiar mecanismos de cómo ingresan personas a las Cortes. Pero si lo hace un varón se nota más qué es lo que está estudiando que si es que lo hace una mujer, es mi impresión. Por ejemplo, en temas de representación policía y género, los varones se dedican a estudiar sistemas electorales y mecanismos de cuotas, es más raro que estudien, por ejemplo, representación sustantiva y son pocos.

Una estrategia que tenemos en Red de Politólogas es armar mesas o paneles mixtos, aunque tengamos que buscar con una lupa un varón para hablar del tema de paridad, aunque no sea un experto, no nos importa. En muchos eventos que se realizaron desde la Red de México, siempre se buscó, en lo posible, que fuesen paritarios, y si no son paritarios, al menos que sean mixtos. Creo que un esfuerzo que tenemos que hacer quienes estudiamos temas de política y género es dejar bien claro qué aspecto central de la Ciencia Política estamos abordando. Hay que discutir la idea “ella trabaja género”. A mí me pasa una cosa tremenda: en mi departamento somos dos personas que trabajamos algo vinculado al género, alguien que trabaja más en políticas públicas y yo que trabajo temas de representación política, legislaturas, elecciones. Llega una tesis sobre violencia hacia las mujeres y a veces algunos colegas piensan: “dásela a Mariana que trabaja género”, yo no sé nada sobre violencia, es decir, se porque me informo, pero estoy lejísimo de ser especialista. No sé más que alguien que trabaja temas de presidencialismo o relación entre poderes, ¿me explico? Hay que contrarrestar la idea de que existe algo que se llama “estudiar género”, creo que no es correcto.

En el marco de la Ciencia Política ¿qué es estudiar género? Es estudiar instituciones, partidos, sistemas electorales, nada que se aleje de lo que yo entiendo que son los asuntos que le preocupan a cualquier politólogo o politóloga. La perspectiva de género te permite ver fenómenos que de lo contrario no ves, por ejemplo, cómo se reproduce el poder en ciertas organizaciones, cuáles son los criterios de selección de candidaturas que abren ventanas para ver fenómenos que si no les tenés una perspectiva de género quedan ocultos. Ver relaciones de género es ver relaciones de poder, entonces sí nos interesa el poder, porque la Ciencia Política tiene que ver con el estudio de cómo se organiza y se ejerce el poder, parte de cómo se reproduce el poder en la sociedad y en las organizaciones políticas tiene que ver con la división de género. Me parece contraintuitivo que a los politólogos nos parezca poco relevante, porque la definición fundamental de lo que quiere decir género es “relaciones significativas de poder que tienen diferentes formatos de acuerdo al contexto social e histórico”. Y si el género tiene directamente que ver con el poder ¿cómo a los politólogos no nos va a interesar eso?

¿Hay alguna preferencia metodológica de las politólogas?

Eso se corta mucho generacionalmente, que por género. Veo muchas colegas muy jovencitas que se están formando súper bien en métodos cuantitativos y que hacen cosas sofisticadas, y mayores de cuarenta, no tanto. Creo que en esto hay una cuestión más generacional que de género.